Violencia Infantil
Marzo 13, 2008
Estaciono el auto en una cochera de por mi casa donde vive una señora de condición muy humilde y sus cinco hijos. La penúltima (3 años) juega conmigo preguntándome qué es lo que yo hago viniendo a su casa. Le sigo la corriente ya que no hay nada más relajante en esta vida que dejarse llevar nuevamente por la mentalidad de un niño y enredarse en sus enredos mentales.
Pero esta vez el juego tomó otra dimensión.
Empezó igual que siempre, pero de repente la niña me empezó a ordenar que me fuera de la casa exigiéndome a su vez que no haga ruido con el portón pesado de la cochera. El tono era por demás autoritario y agresivo. Le seguía la corriente obedeciendo sumisamente las ordenes que me impartía. Una vez que llegamos a la puerta ella confundió su juego y no me dejaba salir del mismo lugar del que me quería botar. Creo que demostraba de esta manera un pequeño aprecio por los juegos que, aunque cortos y fugaces, jugamos siempre que dejo el auto.
El problema llegó cuando me empieza a amenazar que de no cumplir con la orden de no volver, ella me patearía. Le dije que no me debería patear ya que eso me causaría dolor, pero no entendía razones y al voltearme para salir, sin darme cuenta, me propinó un patadón versión 3 años de edad.
El dolor era inexistente como podrán entender, pero me sorprendió la certeza con que me encajo terrible patada. En cualquier cancha eso era roja directa. De allí en más se envalentonó y empezó a intentar patearme reiteradas veces cosa que evitaba sin mayor esfuerzo. No quería tomar control de la situación ya que significaría ponerse en la engorrosa situación de aleccionar a un niño ajeno y la evidente vergüenza que pueda pasar su madre asi que llamé a la hermana mayor, de unos 14 años, para que venga a controlar a su hermanita. Ella seguía hecha una furia pateando al aire.
Pero fuera de mejorar la agresiva situación, la llegada de la hermana fue la cereza de esta torta en la cara. Al comentarle lo que sucedía, lo primero que esta le dice a su hermanita es:
-Si no dejas de patear ¡te pego!
¡Nooooooo! Pensé inmediatamente. El problema es que mis estados no permitían dar mayor explicación de mi punto de vista y decirle a esta niña púber que pegar no es sino la raíz de todo este problema. Intentar una explicación me hubiese tomado mucho más que los dos minutos y medio que tenía para dedicarle a esta charla. Estas cosas se resuelven con educación no con charlas de barrio.
Me imagino entonces que la precisión de la patada que me encajaron no debe ser sino el reflejo de la práctica para defenderse de su hermanos. La violencia siempre cae en cascada y como cualquier cascada, siempre empieza desde una minúscula gota de agua.
¿Se imaginan lo que debe ser tener esa carga emocional desde la cuna y vivir toda una vida bajo su yugo? ¿Cómo se comportará esa persona una vez adulta? ¿Qué cosas permitirá y qué otras le parece normales? No sólo ella necesitará ayuda, pero toda la familia (y ahora) Especialmente la gota motor de toda esta cascada.
¿No necesitará también ayuda un vasto sector de nuestra sociedad?
Ache